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Hasta hace poco tiempo los hábitos alimentarios de los países del mediterráneo no tenían demasiado prestigio. Los españoles eran vistos como personas de baja estatura en una época en la que este parámetro era sinónimo de salud y reflejaba nuestra en teoría pobre alimentación. El consumo de algunos alimentos base de esta dieta, como el aceite de oliva, no tenían buena reputación, a pesar de que se daba la circunstancia de que precisamente la Dieta Mediterránea se originaba en los países que eran la cuna de la civilización. Tampoco se entendían fácilmente algunas de las formas de preparar nuestros alimentos, por ejemplo, la fritura en baño de aceite que era, y es, una de las características de la Dieta Mediterránea. Sin embargo y por fortuna en estos tiempos han cambiado estas ideas. Hacia los años cincuenta, los doctores Ancel y Margaret Keys de la School of Public Health de la Universidad de Minnesota (EE.UU.), ya observaron que en los países mediterráneos se producía una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares que en otros países del norte de Europa y del continente americano, relacionando presuntamente con su forma de alimentación. Este hecho se confirmó posteriormente en el Seven Countries Study, ya junto al profesor Grande Covián. Los resultados obtenidos después de 15 años de seguimiento evidenciaron de forma espectacular la diferente mortalidad coronaria de países como Finlandia respecto a Creta. Estudios epidemiológicos posteriores en los que también se incluyó España muestran que nuestro país es el penúltimo en Europa, después de Portugal, en lo que a muertes por infarto de miocardio se refiere. |
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