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¡Háblate a ti mismo!

Por Marta Garaulet

La noche antes había aterrizado en Boston. Venía a Harvard para una estancia de tres meses y eran las cuatro de la mañana cuando repentinamente me desperté. La causa de mi insomnio era el maldito Jet Lag.
Tras varias horas dando vueltas en la cama, por fin amaneció. Todo ese tiempo había estado inmersa en pensamientos negativos.
Después de varios intentos fallidos, conseguí salir de mi pequeño apartamento. Hacía frio, y me di cuenta de que no tenía chaqueta, me la había dejado en España, ¡Lo que me faltaba! pensé.
Decidí ir a un “Starbucks” con el propósito de tomarme un té Chai. Es un tipo de té que me encanta, tiene muchas especias como clavo, canela, curry, pimienta, y siempre me reconforta y activa. Tras pedir mi té, me senté y vi que encima de mi mesa, había una de esas revistas de salud gratuitas para el cliente, su título era “Have a healthy life”.
Al abrirla esperaba encontrar algún artículo sobre qué comer para estar más joven; o cómo adelgazar en 15 días sin pasar hambre. Pero a diferencia de lo esperado, me encontré el siguiente encabezado ¡háblate a ti mismo!
¿Más?, pensé, que me hable más todavía, me dije a mí misma. Pero si llevaba ya seis horas hablándome. De hecho, no tenía a nadie más a quien hablar, y no recordaba haber tenido ni un pensamiento positivo desde que me había despertado.
El artículo, escrito por una tal Jennifer, indicaba que además de mantener una alimentación equilibrada y realizar ejercicio físico, debíamos cuidar el medioambiente, este hogar a gran escala al que llamamos Tierra. Estos conceptos, aunque importantes, no me eran nuevos. Sin embargo, una frase captó mi atención, Jennifer decía que no sólo debíamos cuidar el medioambiente, sino que, a otra escala, también deberíamos cuidar un ambiente más íntimo en el que vivimos, debíamos cuidar nuestra propia mente.
¡Qué razón tenía esta Jennifer! yo que tanto me preocupo de mi salud, que no paro de dar consejos de alimentación, llevaba más de seis horas maltratando mi mente con pensamientos negativos. Sí, mi mente: este espacio tan íntimo.
Este artículo me hizo recordar ideas que siempre había considerado, y que derivaban de mis estudios de investigación, que el estrés, la ansiedad, la tristeza son en sí mismos factores de riesgo para nuestra salud. Un riesgo comparable al que produce una alimentación desequilibrada, la falta de ejercicio, el tabaco, el alcohol, o el colesterol sanguíneo elevado. Afectan a nuestra salud, se asocian con alteraciones en nuestros ritmos biológicos, y entre otras cosas alteran nuestra fisiología. Sabemos que un pensamiento negativo, desencadena una cascada de pensamiento-sentimiento-acción, todos ellos negativos, lo que finalmente se traduce en un riesgo para tu salud.
Por eso te digo: Háblate a ti mismo, y escúchate cuando te hables. Mira a ver si esas cosas que te dices son positivas, son agradables, son alegres. Pregúntate si permitirías que te las dijera otra persona. ¿A qué no le dejarías a un amigo que te llamara gordo, inútil, incapaz o tonto? Pues no te lo permitas a ti mismo. No te comportes contigo como si fueras tu mayor enemigo. Si te vienen pensamientos negativos, identifícalos, y aléjalos de tu mente.
Te aconsejo que te hables en alto y si puedes dirígete a ti en tercera persona, es mucho más eficaz. Llámate por tu nombre. La hipótesis es que es más fácil ser educado y amable con otros, que con nosotros mismos. Hablar en tercera persona crea una especie de distancia entre nosotros y nuestros pensamientos que hace que nos respetemos más, nos escuchemos, y que finalmente hagamos caso a lo que nos decimos.
Desde hace años, los que me conocen saben que muchas veces hablo sola. Me encuentro diciéndome a mí misma: Marta, no te preocupes, todo saldrá bien. Sobre todo, esto pasa cuando me planteo un nuevo reto y si tengo miedo a no conseguirlo. Al escuchar mi voz, pienso, si tú lo dices Marta, lo harás, y eso me reconforta y me da fuerza.
La verdad es que esta columna de Jennifer, me alegró el día, me fui a comprar una chaqueta (ver foto), y me hizo empezar esta nueva aventura americana con otra actitud, mucho más positiva, y ahora que han pasado unos días os digo que estoy muy feliz aquí y que agradezco su consejo. Además, aquí en Boston, al ser una sociedad más individualista, a nadie le importa que yo hable alto, no me preocupa que piensen que estoy loca. Y como me hablo en español, no me entienden.
Por eso te lo transmito: háblate a ti mismo en voz alta, con mensajes positivos y de ánimo; y así crearás un ambiente sano en ese espacio tan íntimo que es tu mente, un ambiente tan beneficioso para tu salud como lo es comer bien o hacer ejercicio. No dejes de hacerlo.
Desde Boston, con amor (25 Aniversario de Centros de Nutrición Garaulet)
Marta Garaulet, Directora de Investigación

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El aceite de palma y los bollos industriales

Debido a las noticias actuales sobre el aceite de palma he recordado un análisis de laboratorio que realicé hace unos años con distintos productos de bollería industrial y que me dejó impactada. Desde entonces es raro que me veáis comer un donuts, o una de esas ensaimadas que van en bolsa y eso que me encantaban, ya que no hay nada como verlo con tus propios ojos para convencerte de algo.
Fue durante unas prácticas mientras estudiaba la carrera de Nutrición. Llevamos al laboratorio diferentes productos de bollería, todos ellos riquísimos, nuestra idea era después de las prácticas hacer una pequeña merienda y disfrutar.
Entre estos productos teníamos churros precocinados congelados, un bizcocho casero, «sobaos» de una marca industrial, ensaimadas de esas pequeñas que vienen muchas por paquete, y unos donuts. De aquí saqué unas conclusiones muy interesantes.
Aplicamos el método de extracción de grasa del Soxhlet, basado en la utilización de disolventes y de esta manera se pudo extraer toda la grasa de cada alimento.
Como podrás imaginar el alimento que mejor composición grasa tenía fue el bizcocho casero. Tras la extracción de grasa obtuve un solo tubo de ensayo con un líquido dorado, lo que indicaba que en su mayoría la grasa utilizada era aceite de oliva. A continuación, venían los churros: en este caso obtuve dos tubos de ensayo de este mismo líquido dorado, de lo que deduje que en los churros la calidad de la grasa era también buena, pero teníamos el doble de grasa que en el bizcocho. Lo mismo sucedió con los sobaos, que a pesar de ser unos bollos industriales, estaban también hechos con aceite. Después pudimos comprobar que su etiquetado indicaba que la grasa utilizada era de aceite de oliva.
A partir de aquí, el experimento se torció: cuando extraje la grasa de los donuts, obtuve dos tubos y medio de una grasa suntuosa y pegajosa, totalmente sólida y blanca como la nieve, que se pegaba al tubo de ensayo.
¡No os podéis imaginar los esfuerzos que tuve que hacer para eliminar la grasa de los tubos cuando llegó el momento de limpiarlos! Era una grasa de las llamadas
saturadas, grasas ricas en ácido palmítico, que normalmente proceden de animales aunque también lo hacen del coco y de la palma. Me imaginé qué pasaría al comérmelos.
Pensé que seguramente se pegaría a mis arterias de la misma manera que lo hacía en los tubos de ensayo. Os aseguro que después del experimento, ninguno de los compañeros tuvimos ganas de tomar donuts. No nos parecieron ya tan apetitosos como al inicio. Las ensaimadas presentaban el mismo tipo de grasa saturada, pero contenía un solo tubo de ensayo.
Cuando vayas a tomar un producto de bollería industrial, acuérdate de este experimento, y de los dos tubos y medio de ensayo de los donuts. No es un tópico, es una realidad.Todos los bollos industriales que indican en su etiquetado que presentan grasas vegetales, que no por eso son más saludables, son perjudiciales. Están hechos con unas grasas sólidas a temperatura ambiente que proceden del coco y de la palma, y son las grasas más aterogénicas (endurecimiento de las arterias) de la alimentación.
Se ha estudiado indefinidamente que su ingesta se asocia con un aumento del
Colesterol, y LDL y una disminución del bueno, o HDL. Además, su consumo favorece también la formación de trombos, son por tanto trombogénicas. A veces, en especial cuando utilizan grasas vegetales hidrogenadas, tal y como se expresa en algunas etiquetas, presentan un tipo de grasas llamadas ácidos grasos trans, que son artificiales, y que nuestras enzimas no son capaces de metabolizar. Su acción es semejante a la de las grasas saturadas, con un problema añadido, se acumulan en los tejidos de nuestro cuerpo como el cerebro, arterias etc., por nuestra incapacidad para eliminarlas.

Recuerda: Alimentos ricos en ácido palmítico y en trans no solo son los dulces, sino también las galletitas saladas, las patatas fritas de bolsa y sobre todo las patatas precocinadas congeladas, las palomitas de microondas, y todas las bolsas de picoteo como doritos, nachos, etc.; tal y como demuestra el estudio Transfair que analiza los alimentos ricos en ácidos grasos trans más consumidos en Europa. El problema está es que esto no se indica en el etiquetado.

Marta Garaulet Aza

Directora Centros Nutrición Garaulet

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LA LECHE

 

Es sin duda un gran alimento. Quizás podríamos decir que es  “El Alimento” por excelencia. Si me dijeran que tengo que diseñar una dieta con un solo alimento, y que ésta debe cubrir las necesidades mínimas de nutrientes, elegiría sin duda a la leche. De hecho, nosotros, los humanos, somos mamíferos y podríamos pasar los primeros años de nuestra vida alimentándonos sólo de leche materna. Y es que este alimento aporta grasas, proteínas de gran calidad, azúcares, calcio y vitaminas, entre otros elementos nutritivos.

Aún así en los últimos tiempos parece ser que “la leche ha caído en desgracia”. Unos dicen que el hombre no debería tomar leche ya que ningún mamífero toma leche después de los primeros años de vida; otros que la leche produce mucosidades, alergias e intolerancias; algunos como los defensores de las “dietas paleolíticas” indican que el hombre desde sus ancestros no está preparado para tomar leche (aunque  se sabe que el consumo regular de leche se remonta al Neolítico y la capacidad de la especie humana de tolerar la lactosa apareció hace aproximadamente unos 7500 años).

En España las estadísticas son preocupantes, ya que debido a estas nuevas tendencias, más del 70% de la población no llega a los mínimos de calcio, algo que hemos podido comprobar en la región de Murcia, en el estudio que estamos llevando a cabo en diferentes colegios que muestra que más de la mitad de los niños entre 6 y 9 años no alcanzan los requerimientos mínimos de calcio.

Debemos tomar leche o alimentos lácteos. Al menos 2 raciones al día. Sólo deben evitarla aquellas personas que son intolerantes a la lactosa o alérgicos a la proteína de la leche, que en España constituyen un 20 por ciento de la población actual, cifra que aunque parezca lo contrario se asemeja a la de hace 50 años, aunque ahora gracias a los nuevos métodos el diagnostico somos más los que sabemos si presentamos esta intolerancia.

Para el resto de nosotros, sabemos que si eliminamos los alimentos lácteos de la dieta será difícil alcanzar las necesidades de calcio diarias, ya que es el mineral que se necesita en mayor proporción en nuestro cuerpo.

Aunque la leche de soja, almendra, etc. podría ser una alternativa, estos tipos de leche no son buena fuente de calcio, ya que  se absorbe sólo el 5%, mientras que con la leche de vaca, cabra, etc. se absorbe seis veces más calcio (un 30%), gracias a la presencia de lactosa, vitamina D y aminoácidos que favorecen su absorción.

Recuerda, toma leche, y  si no hay una causa justificada toma leche entera, la clásica, la de toda la vida es la que permite una mejor absorción del calcio, sobre todo en niños, en los que no está justificado el uso de leche desnatada si no es por prescripción médica. Su contenido en calorías no es tan elevado como a veces nos quieren hacer pensar. 100 ml de leche entera contiene 65 Kcal. Por lo que en un gran vaso de leche de unos 250 ml estaremos consumiendo un total de 162 Kcal. Como las recomendaciones para el adulto medio son de dos raciones del grupo de la leche al día. Si tu elección ha sido la leche entera, tomaremos un total de 324 kcal.. Lo que viene a cubrir un 12% de las calorías totales diarias. ¡Está claro que un porcentaje tan bajo del total de la energía de la dieta no va a ser lo que te convierta en un individuo obeso!

  

La leche desnatada:

Otra situación diferente se presenta si estamos siguiendo una dieta de adelgazamiento, si sufrimos alguna alteraciones de los lípidos en sangre, colesterol elevado y triglicéridos u otros trastornos que exijan controlar la grasa dietética (problemas hepáticos, gastrointestinales…). En este caso, puede ser aconsejable que la leche de elección sea la leche desnatada. Como su nombre indica la leche desnatada es muy pobre en grasa, 0,2 gramos por vaso de leche, y aporta sólo unas 80 calorías por cada vaso de 250 mililitros. Al carecer de grasa, los 8 g de grasa que habitualmente tomaríamos en un vaso de leche entera (aproximadamente como una cucharada de aceite) se eliminan. Esto seguramente te permitirá adelgazar con mayor eficacia por lo que es aconsejable en una dieta de adelgazamiento. Pero recuerda que no va a ser nunca indispensable y que una vez finalizada la dieta, y si no tienes ningún problema de riesgo cardiovascular, deberías volver a incorporar a tu alimentación la leche entera.

Leche desnatada enriquecida en vitaminas A + D:

Si estás a dieta, quizás sería interesante que compraras la Leche desnatada enriquecida en vitaminas A + D. En el proceso de eliminación de la grasa de la leche, las vitaminas liposolubles, también se eliminan, por lo que es aconsejable que se restituyan estos nutrientes. Te ayudarán además a absorber mejor el calcio. Sin embargo, las leches desnatadas con calcio añadido tienen muy poco sentido en nuestra alimentación diaria, ya que la leche desnatada en si misma ya presenta mayor concentración de calcio, aunque este se absorbe peor por la falta de vitamina D. Enriqueciendo la leche desnatada con calcio, no tendremos ninguna ventaja añadida para nuestra salud.

Leche con vitamina E:

Lo mismo sucede con la leche enriquecida en vitamina E. Su incorporación a nuestra dieta tiene poco o ningún sentido. En nuestra alimentación habitual otros alimentos como son los cereales, frutos secos, aceites, etc.presentan elevadas concentraciones de esta vitamina antioxidante.

Leche desnatada con fibra:

A muchos de nosotros no nos gusta el sabor de la leche desnatada. Una solución puede ser tomar una leche desnatada con fibra, ¡presenta una textura similar a la leche semidescremada o entera, y mejora de la palatabilidad respecto a las otras leches desnatadas!. Además resulta interesante en los regímenes de adelgazamiento porque presenta un mayor efecto saciante.

    Leche con oleico o con omega-3:

Además, de estas leches enriquecidas, existen distintas marcas comerciales en las que el fabricante sustituye la grasa característica de la leche de vaca, que es sobre todo saturada, y el colesterol, por grasas de tipo monoinsaturado, como el ácido graso oleico, propio del aceite de oliva  o por poliinsaturados como los omega 3, con reconocidos efectos sobre la salud. Debes saber que este tipo de leche únicamente tiene sentido si la dieta es extremadamente desequilibrada. En España, el aceite mayoritario y el que más se consume es el aceite de oliva, con alto contenido en ácido oleico, por lo que en nuestra dieta habitual tenemos altas ingestas de este ácido graso cardiosaludable. Por otro lado la leche con omega-3 puede tener interés únicamente en personas que presentan alto riego cardiovascular  y que no incluyen de manera habitual el pescado en su dieta.

Como ves,  los ácidos grasos omega-3 se encuentran de forma natural en los animales de origen marino, especialmente en los pescados.  Si tu dieta incluye pescado una o dos veces por semana, no tienes porqué utilizar la leche de omega-3. Una recomendación para los que nos os emociona el pescado, es añadir atún a la ensalada, también presenta ácidos grasos omega-3.

 

Fdo: Marta Garaulet Aza

Directora de los Centros de Nutrición Garaulet

 

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La Gastronomía y la Nutrición de la mano de Marta Garaulet Aza. Miembro de la Academia de Gastronomía de Murcia

El acto de comer es uno de los más repetidos a lo largo de nuestras vidas. Fíjate que en España las mujeres comen unas 90.720 veces a lo largo de sus vidas, mientras que los hombres lo hacen unas 82.080 veces. Tal y como decía el profesor D. Gregorio Varela en una conferencia reciente, la alimentación es pues un proceso voluntario, diario y repetitivo, que además de aportar placer, nos permite incorporar a nuestro cuerpo la energía y los nutrientes necesarios para vivir. Un hecho más que demostrado de que con una nutrición adecuada podemos disfrutar de una salud envidiable, y prevenir muchas de las enfermedades que nos afectan en la actualidad. Y aunque tendemos a echar la culpa a las circunstancias, no debemos olvidar que elegir y llevar a cabo una alimentación sana implica una responsabilidad personal y “nadie puede cuidar tu salud mejor que tú mismo”.
Sin embargo, hay dos factores que dificultan en gran medida la consecución de una dieta saludable, uno de ellos es la falta de tiempo “Nunca hubo tanto donde elegir y menos tiempo y capacidad para hacerlo”. El otro, es que muchas veces la comida sana es aburrida y poco apetecible. Estamos hartos de ponernos “a dieta”, a nadie le apetece vivir de “pechuga y lechuga”. Las nuevas encuestas de la alimentación indican que en España nos sigue gustando comer los platos de cuchara, las lentejas, las ensaladas, o los macarrones con tomate, todos ellos platos típicos de Dieta Mediterránea. Además, mientras hace 20 años, los libros de cocina estaban dirigidos a la búsqueda del placer, en la actualidad, la mayor parte de estos libros se refieren a “cocina y salud”. Por eso es importante que aprovechemos las nuevas modas culinarias y estos grandes gurús en España que son los cocineros, y las ventajas que nos ofrece esta “desviación inteligente y sensual que es la cocina” (Nestor Luján, 1985).
Si somos capaces de combinar los grandes conocimientos de cocina que existen ahora en España, donde somos pioneros en el mundo, con los conocimientos que tenemos sobre nutrición saludable, y…..los nutricionistas consiguen pensar como cocineros, y los cocineros consiguen incorporar los conocimientos de nutrición en sus platos, alcanzaremos la “perfección”: una Dieta Mediterránea moderna entendida como un modelo de interacción entre la alimentación, la gastronomía y la salud. Hacía eso debemos tender.

Marta Garaulet Aza

Directora de los Centros  Nutrición Garaulet

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Y ahora en el 2015, muévete

Si eres de los que no tienen ningún atuendo deportivo en el armario, de los que cogen el coche para comprar tabaco en el estanco de la esquina, o de los que después de 8 horas sentados en la oficina pasan al sofá de su casa frente al televisor, está claro que eres una persona sedentaria. Si por lo contrario, vas caminando siempre que puedes prescindir del coche, tu trabajo requiere de cierto esfuerzo físico o realizas algún tipo de ejercicio al menos una vez por semana, se te puede definir como una persona activa.

Y es que efectivamente el grado de actividad va a ser definitivo en tu peso corporal, en las calorías que puedas ingerir, en la pérdida de peso y lo que es más importante, en tu mantenimiento. Si sigues realizando una actividad física después de alcanzar tu meta te será más fácil mantener tu nuevo peso  tras una dieta de adelgazamiento.

Todo cambio que realices en tu actividad física durante un corto periodo de tiempo no te servirá de mucho, pues el día que abandones el ejercicio físico se producirá un importante efecto rebote en tu organismo. Antes de plantearte realizar algún cambio respecto a tu actividad física, te recomiendo que pienses si serás capaz de realizarlo durante toda la vida. Si esto te parece excesivo piensa únicamente en los próximos tres años. Si no va a ser así, no vas a se capaza de mantener este tipo de actividad, te aconsejo que el cambio sea menos radical pero más constante, ya que con seguridad será más efectivo.

Un error muy común entre las personas que comienzan una dieta es proponerse ir a correr todos los días, o también comprarse una bicicleta estática, que puede acabar arrumbada en el cuarto de la plancha. Es cierto que al inicio de una dieta la ilusión mueve montañas y puede ser un momento para plantearse ser más activos. Pero si no mantienes esa actividad durante un tiempo prudencial puede quedar en eso, en una ilusión.

Te recomiendo que comiences realizando actividades fáciles de incorporar en tu vida, como subir y bajar escaleras, ir andando a tu trabajo o darte largos paseos a un ritmo moderado. Y sobre todo, plantéate que al menos durante los seis primeros meses de tu mantenimiento, una vez alcanzada tu meta, es cuando realmente puedes incrementar el ejercicio físico. Te ayudará a evitar el rebote y a mantener tu peso.

Marta Garaulet Aza

Directora Centros Nutrición Garaulet

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¿Ponemos a dieta a nuestro hijo?

A veces nos planteamos esta pregunta, el tema no es fácil y quizás tengamos dudas importantes. Sabemos que como padres debemos educarle, pero no queremos ser impositivos ni obligarle. Nos da pena no poderle dar su bollo favorito, las golosinas que le gustan o un buen postre después de cenar.

Cuando transmitíamos al pediatra nuestras inquietudes sobre el sobrepeso de nuestro hijo, nos solía decir.”No se preocupe usted señora, cuando su hijo dé el estirón: adelgazará”. Esto a veces sucedía pero otras veces no era así por lo que producía sensación de impotencia e incapacidad.

El pediatra, en parte, tenía razón cuando daba estos consejos. Entonces, y todavía ahora, la mayoría de las dietas de adelgazamiento que se utilizaban eran desequilibradas en nutrientes y nada saludables, lo que puede poner en peligro el crecimiento de nuestro hijo.

También influye la actidud permisiva y la conducta impositiva por parte de los padres ya que cuando no estemos en casa y no les veamos comerán todo aquello que les hayamos prohibido.

En el término medio está la virtud, es importante aplicar una disciplina en sus hábitos alimentarios, aunque no sea extremadamente restrictiva. Podrás llevarle a su restaurante favorito a tomar una hamburguesa, o comprarle golosinas los domingos pero todas estas pautas deben estar organizadas y planificadas. Así conseguirás que tu hijo no engorde y sea FELIZ.

Marta Garaulet Aza

Directora Centros Nutrición Garaulet

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Y después del verano: ¡a adelgazar!

No sé si te pasa a ti pero quizás te suceda que todos los meses de septiembre, después de un estupendo verano, en el que te has “liberado” del miedo a las calorías, a la cerveza, a los postres de helado, o a las siestas eternas; tras los pareos, las camisetas amplias, y los vestidos sin cintura, vuelves a abrir el armario de la ropa formal, y te encuentras que la cremallera no sube, que a tu cinturón le faltan agujeros. Y entonces descubres con horror que has ¡engordado!
Este nefasto descubrimiento, unido a la depresión postvacacional, te hunde “en la más profunda de las miserias” y te quita la fuerza necesaria para comenzar con ánimo una nueva temporada. Esta situación, que así descrita puede resultar hasta cómica, no es utópica, por el contrario es un mal de muchos, ya que un gran porcentaje de españoles engorda de media de 3-4 kilos de peso durante el verano.
Quizás ésta no sea la primera vez que se te plantea esta problemática en septiembre. A lo mejor te has encontrado varios años sucesivos en la misma disyuntiva y, sin embargo, y a pesar de tus propósitos, cada año y casi de forma irremediable estas más gordo. ¿Quiere esto decir que no vale la pena planteárselo de nuevo? ¿Que definitivamente es una utopía cambiar?¿Que va a ser de nuevo una pérdida de tiempo? O ¿Que incluso estos planteamientos son inútiles de realizar?
Pues tengo que decirte que no es así, puede ser que hasta ahora no haya llegado tu momento. Y que tus planteamientos de cambio fueran erróneos, irrealizables o demasiado radicales. Plantéate introducir una serie de cambios en tu vida que en definitiva te ayuden a perder peso y vivir mejor sin olvidarte del placer de la comida.
La vuelta del verano es un buen momento para planteamos nuevos retos, hacer nuevas cosas, evolucionar. Algunos esperan conocer a la mujer o el hombre de sus vidas, quieren que este sea el año de su boda, el momento en que encontraran un trabajo fenomenal. Otros, quizás menos fantasiosos, se plantean únicamente mejorar en aspectos concretos y puntuales de su carácter o incluso mantenerse como están. Tú te puedes plantear una vida más saludable, y empezar por adelgazar. Aprovecha tu fuerza de estos momentos, tu ilusión por perder peso y comienza. Tu momento puede ser este. Depende en gran medida de ti.

Marta Garaulet
Directora de Centros de Nutrición Garaulet

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¿Pizza Si o No?

La pizza es un alimento divertido, que gusta a todas las edades, y que tiene un precio asequible para todos. ¿Sabías que cada ciudadano americano llega a tomar 46 veces pizza al año?, más o menos una pizza por semana. Su atractivo radica en que es un alimento fácil de comer (se puede coger con las manos), le encanta a niños y adultos, es saciante y encima es barato, ¿qué más se puede pedir? Sólo tiene una pega, que tiene muchas calorías. Cada vez son más los estudios científicos que muestran que el consumo de pizza se asocia de forma importante con el grado de obesidad, tanto en niños como en adultos.
La palabra “pizza”, procede de Alemania, aunque ya se utilizaba en Italia en el año 997. En el antiguo alemán se decía bizzopizzo, que significaba mordisco, trozo de pan. Inicialmente este alimento fue parte de la Dieta Mediterránea y tenía una composición nutricional adecuada. En la época del imperio romano, la mayoría de los que habitaban en la ciudad de Roma, vivía en apartamentos sin cocina, por lo que comía en “restaurantes de comida rápida”. Aunque parezca sorprendente, ya entonces comían pizzas. Era una masa redonda aderezada con aceite de oliva, hierbas y horneada sobre una especie de mostradores redondos de piedra. Aunque en las excavaciones arqueológicas de Pompeya ya se encontraron tiendas de pizza semejantes a las pizzerías modernas, la primera pizzería oficial se abrió en Nápoles miles de años más tarde, en 1830.
Desgraciadamente, en la actualidad existe un abismo entre las características de la pizza de esos tiempos, típicas de la Dieta Mediterránea, con lo que hoy en día se conoce como una comida rápida internacional. No debemos olvidar que dos trozos de pizza aportan las calorías básicas necesarias para todo un día del adulto medio. Se sabe que una porción de pizza llega a tener más de 900 Kcal. Esta elevada densidad calórica se debe a la cantidad de grasa, que fluctúa de 20 a 30 g por porción, y al tamaño de ración, que suele ser mínimo de 200g y que ha aumentado de forma espectacular en las últimas décadas.
Pero no todas las pizzas engordan lo mismo. Por ejemplo, la pizza de verduras, que es la de menor contenido calórico, tiene aproximadamente 400 Cal/ porción, mientras que la pizza “cuatro quesos” presenta 738 Cal/por porción. Es muy conocida la “pizza napolitana”, con tomate y anchoas, semejante a la genuina de Nápoles, o la “pizza Chicago”, con forma de plato, y típico ejemplo de pizza americana. En 1889, Rafael Espósito preparó para la Reina Margarita, esposa de Humberto I (ver foto), la hoy famosa “pizza margarita” preparada con tomate, albahaca y queso mozzarella.

Pizza Margarita

Pizza Margarita

¿Si y no a la Pizza?

- Sí al tomate frito en la pizza, es una buena fuente de licopeno, y se ha asociado con disminución de la incidencia de cáncer.
- Si a tomar pizza como máximo dos veces al mes. Ir a una pizzería con amigos dos fines de semana al mes, puede estar bien. Pero no te pases. Ya sabes, tiene muchas calorías.
- Si a la pizza de verduras. Aunque presenta unas 400 calorías por ración, te ahorras 300 respecto a la de carne o la de cuatro quesos.
- No creas que la pizza con pan fino engorda menos que la del pan de masa. Lo importante en la pizza es controlar la cantidad de grasa y queso.
- No a la pizza como tentempié, es demasiado calórica
- No a la pizza precocinada para cenar. Las calorías de un trozo de pizza son comparables a las de dos platos de espaguetis con tomate y atún.

Consejos para tomar pizza

- Hazte una pizza casera: con una base de pizza precocinada o pan pita; tomate natural de bote; mucho champiñón cortado en finas láminas; atún o anchoas; dos lonchas de queso desnatado, y un poquito de orégano. Tendrás una pizza riquísima y con pocas calorías.
- Tomate un trozo pequeño. Si tienes un antojo por pizza, tómatela, pero trata de no consumir más de dos porciones (400g).
- Cuando vayas a un restaurante italiano, si te apetece pizza, pídela compartida con un amigo, y comienza siempre con una buena ensalada, pararás el golpe de hambre.
- Una pizza de pan, puede ser la solución. Muchas veces el problema se encuentra en que la base de la pizza ya presenta un alto contenido en grasa. Últimamente existen restaurantes en los que te preparan una pizza con base de pan. Si además es de verduras, y no tiene mucho queso, seguramente engordará menos que la pizza tradicional.
- Resérvate para la noche. Si vas a ir a cenar a una pizzería, come al medio día alimentos poco calóricos, como un puré de verduras, una ensalada sin aceite, y un poco de pescado. Así podrás disfrutar de la pizza, sin coger ningún kilo extra.
- No comas pizza de pie y sin ser consciente de que la comes. Ya que te has comprado tu pizza, saboréala, come despacio y trata de disfrutar.

Un abrazo a todos desde Boston, desde Newbury Street, en una terraza al aire libre en la que ¡me estoy comiendo una pizza!

Marta Garaulet
Catedrática de Fisiología
Directora de Centros de Nutrición Garaulet

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La importancia de comer en familia

Hace un tiempo, en un congreso al que acudí de Nutrición y Alimentación uno de los ponentes comentaba durante su charla el enorme parecido que existía en la actualidad en la conducta alimentaria entre el hombre prehistórico y nuestros adolescentes: nuestros chicos, decía, se asemejaban al hombre de Cromagnon. Leer más

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Y ¿tu hijo? Sabes si está comiendo bien. Aplica este test de dieta mediterránea y sabrás la respuesta

Con los años, el concepto de una buena dieta ha cambiado de manera espectacular. En 1824, “The Family Oracle of Good Health”, publicado en Inglaterra, recomendaba a las jóvenes que desayunaran lo siguiente: “galletas (no pan), filetes o chuletas asadas, poco hechos, sin grasa y media cerveza. También sugerían “una tacita de desayuno de un buen té o café bien cargado, ya que el té o el café flojo, siempre es malo para los nervios así como para la complexión”. Leer más